dissabte, 3 de desembre de 2011

Las cosas del querer



Decía Sabino Arana..
..presenciad un baile español y si no os causa náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos queda acreditada la robustez de vuestro estómago, pero decidnos luego si os ha divertido el espectáculo o más bien os ha producido hastío y tristeza.

Lo siento, Sabino, pero debo confesarte que soy un "maketo" y esta noche me divertí al ver la película Las cosas del querer..
..ten en cuenta que Xavier Arzalluz dijo que uno de sus programas preferidos, por seriedad, era el "informe semanal" que hacen el sábado en la 1 de TVE española...y hoy, después de eso hicieron dicha peli..donde aparece un Manuel Bandera interpretando a un maricón..
..y sí te doy la razón , Sabino, en lo referente a que "El bizkaino es de andar apuesto y varonil; el español, o no sabe andar (ejemplo, los quintos) o si es apuesto es tipo femenil (ejemplo, el torero)."

De todas formas, Sabino, te temo porque eres hombre..y porque tu bagaje intelectual es claramente superior al de un maketo como José Antonio Primo de Rivera. Quizá es tu estricta religiosidad lo que te hace más temible que los nazis...y..por otra parte..yo que ví el Guernika de Picasso no me atreveré a llamarte fascista..
En el fondo, Sabino, solo te admiro porque siendo político no formabas parte de la "casta política"..y no por ser hijo de la burguesía, no..que bien que
vivías de alquiler porque no te podías permitir una vivienda en propiedad.. y, a pesar de ello, renunciaste voluntariamente al cobro de dietas por tu cargo de Diputado..
..pero estoy seguro de que también hubieras expulsado del país al maricón ese que tan bien interpreta Manuel Bandera, por otra parte, macho ibérico a mucha honra..
..y diré más, creo que Marlon Brando interpretó mejor que Manuel Bandera porque Brando sí que realmente era homosexual...o bisexual, digamos, que le gustaba tanto la carne como el pesado....y seguro fue esa "doble sensibilidad" lo que le multiplicó sus dotes interpretativas...
Pero yo también soy hombre, Sabino, y hablando de Brando, debo confesar que me causó náuseas el liviano, asqueroso y cínico abrazo de los dos sexos en el último tango en París.